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Aunque a muchos pueda sorprendernos, el programa va cuajando. Cierto que sin llegar a las cotas increíbles de los U.S.A, aqui somos más normalitos, pero no me sorprendería verlo cualquier año de estos nominado para algún ATV. ¿Y cómo lo harían antes cuando no había Supernanny? Bueno tampoco se habían inventado los niños hiperactivos, entonces éramos solamente de dos tipos, normales o cabrones, y tanto a unos como a otros, nos caían gorrazos al menor cambio de impresiones. Sin embargo, y completamente convencida, creo que éramos muchísimo más felices que los dos hermanos que hoy iban en mi autobús. Iba el autobús hasta los topes. Un señor mayor se sostenía malamente agarrado a una barra vertical, mientras, justo al lado, dos niños de unos cinco o seis años ocupaban sendos asientos frente a una señora joven, que luego comprobé que era la madre de los chiquillos. De repente uno de los niños, el más pequeño, le suelta un mamporro al que parecía ser su hermano algo mayor, este le responde, el más pequeño grita, el algo mayor llora, se monta el guirigay, y la madre ni se inmuta, continúa hablando a voces a su compañera de asiento. ¡Como echamos de menos a Supernanny! Sobre todo el señor mayor, que además de soportar a los dos niños maleducados, se pasó el largo trayecto esperando de la menos joven mamá un: ...levantate niño y deja el asiento a ese señor.. que no se produjo. No, no está mal el programa, y Rocío Ramos en su papel de Supernanny lo hace lo suficientemente ameno para que resulte soportable. De cualquier manera y aún entendiendo que una de las labores de las teles es la educativa, estas cosas deberían mamarse en casa. Poco antes de bajarme al finalizar mi trayecto, no pude por menos que decirle a la mamá, que por cierto, continuaba hablando a voces con su vecina, que esta noche ponían en la Cuatro un programa que podría interesarle. A esto se llama hacer audiencia.
Estos del Tomate son unos malnacidos. Vuelven, con la malicia, la malaleche y el acojone que les caracteriza, a anunciarnos, con su habitual mal estilo, la separación de Aznar y su mujer. De la misma forma, aunque ahora que con mucho más miedo, que cuando ennoviaron al político con la Cayetana Guillén. Estos comunicadores no aprenden. Ahora y quizá por lo de la credibilidad utilizan a la Campos que es la anticelestina de moda. Están perdiendo audiencia y mucha más que deberían perder, pero siguen tan arrastraos como siempre.
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