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Este chico de Gran Hermano, el del maletin con cocaina, no solamente es un quinqui, asunto más que evidente, sino que además es idiota. Debe de estar acostumbrado a un entorno muy similar al que se encontró en la casa de Guadalix, y de ahí que crea que contando una milonga del siete, los espectadores del programa de Ana Rosa y los adictos al Tomate, se van a creer el cuento del heroísmo de su hermano, la historieta del robo de los encapuchados y lo de las plantitas de su apartamento. No me extraña que él mismo reconociera que no tuvo tiempo nunca de leer un libro, tan ocupado como andaba con la jardinería. Lo que si lamentaría es que por el cuento este, donde no debemos olvidar que hubo incluso un tiroteo, fuera de plató en plató, contando su aventura y llenándose los bolsillos a la vez que trata de tomar el pelo a quienes ingenuamente se encuentren al otro lado de la pantalla. A gentuza de este pelo, habría que aplicarle una ley de alejamiento de las cadenas de televisión, y sería una manera de terminar con estos personajillos y con los reporteros que les dan cancha.
He visto el video en varias ocasiones. Me refiero al que editaron las televisiones con los insultos que recibieron Zerolo, y Cuesta, ayer, durante los minutos de silencio ¿? en homenaje a la víctima de ETA, que tuvo lugar en Cibeles. No hay derecho. Evidentemente me refiero a los insultos. Pero tampoco es de recibo la cobertura televisiva que tuvo la increpación. Fueron cuatro personas contadas, impresentables, sí, pero cuatro. Una señora ¿? mayor que le llamaba maricona, un vejestorio que gritaba la profesión de su señora madre, una anciana histérica, a la que se le cayó la dentadura por gritar y un compañero de mili de Franco al que le habían dado permiso en el asilo para asistir al festejo. Cuatro, ni uno más ni uno menos. Y claro que porque cuatro taraos se desgañiten de mala manera, varias cadenas nacionales abran los telediarios, como si allí hubiera habido la de Bailén, no me parece ni información veraz, ni mucho menos objetiva. Por muy vergonzoso, ramplón, injusto y fuera de lugar que fuera aquello, los políticos, ya saben que parte de su fenomenal sueldo se les paga por aguantar la división de opiniones, pero que las cadenas de televisión hagan de una gota una tormenta...son ganas de manipular ¡Eran cuatro!
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