|
La primera tarde que lo vi me sorprendió. No me resultó ni molesto ni agradable, pero sí sorprendente. Después de verle en varias ocasiones más me asaltó la duda de si su silla de ruedas jugaba a su favor o en su contra. No estaba dispuesta a consentir que por el hecho evidente de su tetraplejia, pudiera acometer contra todo con mucha más acidez que humor. Su silla era un asunto suyo, a mi no me iba ni a dar ni a quitar sonrisas que no fuera capaz de trasmitirme un tío bueno de un metro noventa y ojos azul báltico. No estaba dispuesta a que este chico, Toño, utilizara su limitación para sacarme una sonrisa. No me parecía justo y más aún, me parecía un atropello hacia gente en sus circunstancias.
He de reconocer que me resultó imposible abstraerme de su situación física. Pero si que me pareció percibir que el programa quería utilizar su situación para darle una especie de carta blanca con la que meterse en cualquier charco y de cualquier manera...fue mi impresión. También me pareció percibir que muchas de las sonrisas compartidas con su actuación, destilaban un porcentaje de compasión que yo no estaba dispuesta a compartir.
No, a mi no me resultó agradable. Quizá porque una está acostumbrada a un estereotipo de cómico, quizá, pero debo de reconocer que no me hizo ninguna gracia. Incluso me produjo incomodidad. Creo que no es lo mismo utilizar la extrema fealdad de un actor, acrecentar hasta la parodia la torpeza de un payaso o simular los defectos de un monologuista, que presentar como gracietas las limitaciones de un minusválido. No, no me gustó.
|