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Puede cambiar el clima, gobernar las derechas o las izquierdas, cenar conejo o capón, darle coba a Papa Noel o celebrar los Reyes, pero aqui no hay Navidades sin sorteo de lotería y discurso del Jefe del Estado. Una Nochebuena más y una Nochebuena menos. El Rey, nos soltó su discurso. Bueno, dicen los listos que al parecer suyo suyo, no es, pero Él pone el busto parlante y nos los suelta. Entra en su sueldo. Había gente, sobre todo algunos plumillas del corazón, que esperaban que S.M., hiciera concesiones a la galería, y comentara vivencias de lo que han denominado su anno horríbilis, !Hay que ser idiotas¡ A mi que para nada soy especialista en asuntos del politiqueo, el discurso que nos soltó, escrito por Casa Real, por el Gobierno o por el sumsun corda, me pareció una auténtica milonga. Yo no me fijé si la foto colocada detrás era del Rey plantando un pino, o cortando leña, si entre líneas (pero muy entrelíneas) SM, quiso hacerle un guiño a Chávez, o si dejó bien claro que el cese temporal de la convivencia de su hija pasa a definitva, no lo sé, ni me importa. A mi, lo único que me pareció fue pura y llanamente que don Juan Carlos, nos contó una serie de cosas más que conocidas por todos, y que desde luego no termino de comprender porqué nos lo cuenta a nosotros. Si el monarca ve claro que los partidos deben consensuar una serie de cosas, pues oye que se lo cuente a ellos. Si le parece que existen demasiados abusos en las televisiones, que proteste a quien proceda. Si estima que hay muchos accidentes de circulación, que actúe donde corresponda. Y si piensa que hay excesiva violencia de género que se lo cuente al ministro del ramo. Contarnos que los de ETA son unos hijos de puta ( el lo dijo más finamente) no me parece ninguna novedad, y por obvio, me parece absurdo perder un minuto más en recordarlo. Francamente, que los portavoces de los partidos digan que el discurso fue magistral, me parece una chorrada del siete, en mi modesta opinión, fue una tomadura real de pelo. Para decir lo que dijo y callar lo que se calló, hubiera quedado mucho más elegante sacar una botella de cava (por lo de Cataluña) y echar un brindis por todos los que tuvimos la paciencia de aguantarlo. El resto, lo diga quien lo diga y lo escriba quien lo escriba, fue una auténtica milonga, como es normal por otra parte. Que no me hablen ni de mensajes subliminales ni de cuentos chinos, aunque eso sí, entra en su sueldo. O no. Bueno y eso sí, fue breve.
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