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Pienso que nuestra cultura en general y la televisiva en particular, está muy lejos de conseguir un aprobado. Aquí lo que se lleva es el vocerío, la interrupción, el tumás y los argumentos barriobajeros. Por eso cuando los líderes de los partidos mayoritarios se enfrentan en un debate con cámaras de por medio, resulta que aparecen con menos gracia y convicción que un perro verde. Ninguno de los dos resulta especialmente atractivo, ninguno de los dos aparenta una inteligencia media alta, ninguno de los dos se expresa con soltura y gracejo, ninguno de los dos convence con sus gestos o sea vamos, que aparecen como dos malages cualquiera. Por eso el resultado objetivo de los dos debatíssimos es un suspenso total para ambos, que ni siquiera nuestra generosa LOGSE podría levantar. El uno con una tristeza tremenda hablando de la niña de marras, el otro con una obsesión enfermiza por una guerra que hubo no se donde y que al parecer él fue quien nos sacó del charco. Si uno contaba unas mentiras, con gráficos incluidos, el otro contaba otras trolas también acompañados de sus dibujillos. Los dos estaban empeñados en salvar la patria y a mi me da la impresión que ninguno de los dos tiene talla para salvar a nadie. Los seguidores de uno se quedaron encantados ¡qué mediocres! y los votantes del otro se creen que se han llevado el gato al agua ¡qué ingenuos! Pero tanto unos como los otros patalean contra la presentadora de la batallita, por su falta de poderío. Pues oigan yo si tuviera que elegir entre los tres por lo visto y lo escuchado, les aseguro que sin la menor duda que me quedaría con Olga Viza, la más mona, la más educada, la de mejor voz, la que menos mentiras contó y sobre todo, la que menos hizo el ridículo. O no.
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