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Ver al campeón olímpico este vacilar a los concursantes, por muy frikis que sean, que algunos lo son, no me hace ninguna gracia. Yo, y me imagino que mucha gente, desconozco los méritos de este personaje llamado Micky Puig, para ejercer de maestro de piñones, de los que no saben leer y dan lecciones, pero bueno la empresa sabrá, y si quedaron contentos de su trabajo en factor X, hacen bien en repetirlo, quizá se ponga de moda la profesión de jurado. Pero hoy lo que me gustaría comentar es la gran participación en estos concursos de chichinabo de niñas y niños muy muy pequeños, sin duda empujados por sus padres, y que en ningún caso, incluso llegando a ganarlos les iban a suponer una gran solución. Es preocupante y a mi personalmente me resulta molesto ver algo, que sin querer ser explotación, desgraciadamente no tiene otro nombre. Si a esto añadimos que la gran mayoría solo aportan la frescura de su corta edad, soy de las que piensan que debería limitarse muchísimo más, este tipo de participación infantil. Los nanos sufren, es algo que se nota, a pesar de que vienen siempre con alguna gracieta que les soplan sus mayores. ¿Les merece la pena perder su infancia? ¿Tiene alguien derecho a cortar el desarrollo normal de un crío? ¿Porqué no se les deja crecer sin presiones? Viendo hace unos días en la competencia, el abandono de la isla de Supervivientes de Joselito, que realmente si que fue un auténtico niño prodigio, yo diría que no, que este sacrificio además de no ser justo, no merece la pena. Pero ustedes sabrán, yo no tengo hijos. Lo que está claro es que si los tuviera nunca los dejaría lidiar con un campeón como el tal Puig. ¡Sólo faltaba!
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