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Será ignorancia o cinismo. Trataba de justificar lo injustificable la ministra Cabrera, tras hacerse público el informe PISA, que coloca a nuestros jóvenes a la cola de Europa en cuanto a nivel cultural. ¡Pero qué lugar quiere esta buena señora que ocupe alguien que se pasa tres horas y pico, de media, sentado frente a la tele, viendo y oyendo solamente basura! Demasiado arriba estamos. Donde quiere que estén unas chicas y chicos, que se quedan embobados viendo, escuchando, aplaudiendo e imitando, a auténticos cenutrios, cuyo exclusivo mérito para salir diciendo tonterías, estriba en su minoritaria opción sexual, en haberse dado un revolcón con el hermano grande mientras comían salsa de tomate, enseñando su vulgar culo, o en mostrar como trofeo los cuernos que le coloca su pareja. Qué carajo puede enseñar alguien que confunde candelabros con candeleros, que habla de Universidad de Veterinaria, que se dice cibernáutica, o que recuerda el quinceavo cumpleaños de su hija. Bastantes conceptos tienen nuestros chicos, con esos figuras. Y eso, sin mencionar a los doctos contertulios, de cualquier sexo, raza, condición y partido, dominadores del tema que se plantee, que se dedican a vociferar exabruptos, descalificaciones o dogmas, en el corto minuto que les conceden. Y qué decir de los que se autotitulan plumillas mitad jueces, mitad periodistas y mitad filósofos , que sin disimular ni un pelín su absoluta ignorancia, ponen a parir al "invitado", el cual tras previo paso por caja, asiste o incluso llega a participar, en una burda y preparada pelea. Pero a qué aspiramos con esa tele. Queremos que además nuestros muchachos adquieran conocimientos ¿De dónde? Bastante hacen los chavalines que se tragan como pueden semejantes espectáculos. Donde quedaron aquéllas lejanas críticas sobre leistas y laistas, yeistas o usantes de las elles, incluso aquellas sonrisas que provocaban los que de manera semiinconciente perdían las poco fecuentes ges intervocálicas, que convertían las migajas en miajas, o los que cambiaban de forma medio intencionada las bes por ges, transformando en agüelos a los abuelos. Qué estólido y racista me suena ahora, en esta época de vacas tan flacas, las peleas con el idioma mestizo iberoaméricano, donde los carros parecían coches, las cuadras eran manzanas, las chingadas era algo malo y los bebitos comían frijoles, y en donde hasta las mucamas empleaban aquellos tonos mezcla de milonga, bolero y mariachi, que con sonido de tango porteño ahora añoro. Como se puede pretender que frente a tanta desfachatez, edredonin, e ignorancia disfrazada de exclusiva, nuestros chavales puedan aprender algo más que absurdas chirimías. Y lo grave es que aún culparemos a los maestros y a los colegios, sin querer darnos cuenta de que uno de los problemas más graves, lo tenemos metido en nuestra casa, la tele, claro.
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