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¡Cómo les gusta la alcachofa! No suelen tener el verbo fácil ni siquiera habiendo estudiado el guión. Pero su mezcla de osadía, faltonismo, cretinez y prepotencia, sin duda con un puntin de diferente personalidad, los convierte en codiciados animales mediáticos. Son capaces de subir el share a puntos insospechados, de conseguir en un minuto de actuación lo que es incapaz de conseguir cualquier otro u otra. Fijense ustedes en la imagen de Ánsar con su melena al aire, su pulserita en la mano diestra, su medio bigotito bajo la corva nariz y su mirada de ojos caidos, durante el último congreso valenciano de su partido. Él que allí ya no pintaba nada, consiguió ser la estrella y a punto estuvo, a pesar del corte de manga que recibió, de cortar las dos orejas y el rabo (lo que no digo es de quien). Qué decir de la ministra Ha Ido, la animala mediática por excelencia de este Gobierno. Innovadora de nuestro idioma, defensora de miembras, vendedora de velos, luchadora aunque algo inferiorizada, por bibliotecas de y para mujeres, similares a aquellas corridas de toros que organizaba el feminista Jesulín de Ambiciones. Abucheada por colegos y colegas, que inevitablemente mete el pato y la pata, en cuanto tiene cerca una cámara o un micrófono. Pero ahí está. Y sin duda otro ejemplo que no podría olvidar es el del inconmensurable Evaristo Megide, este individuo capaz de tratar como mucamas a las pobres concursante de OT, o de insultar a todos y todas los que le rodean, sin tener ni puñetera idea de lo que dice, simplemente poniendo cara de intelectualillo de los sesenta y consiguiendo un seguimiento inaudito, para cualquier faltón público. Son solamente tres ejemplos palpables de lo que se podría considerar una subespecie digna de estudio, la de animales mediáticos, que sin ser ni los más listos ni los más tontos, ni los más guapos ni las más guapas, ni los más pijos ni los más horteras, consiguen algo tan complicado y difícil como alcanzar un seguimiento fuera de lo normal, eso sí, con risas incluidas claro.
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