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Ni son dos grandes actores, ni sus guiones dicen gran cosa y en mi opinión sólo convencen a los ya convencidos, pero tienen su morbo y catorce millones de españoles, ahí es nada, somos capaces de jugarnos una porra para ver quien gana. Y esto no tiene vuelta de hoja, siempre ganan los dos, siempre, con lo que casi todos nos quedamos contentos. No nos van a descubrir nada que no sepamos, ni siquiera van a regalarnos alguna fórmula oculta, ni van a ofrecer más regalos porque ya están todos ofrecidos, pero para unos ZP ganará por goleada y para otros la goleada se la marcará Rajoy. Alguna ventaja tiene que tener este bipartidismo tan acentuado. Pero lo que es indiscutible es que a pesar de que en este país, en el que todos somos apolíticos y a nadie nos interesa la política, estos debates mantienen delante de la caja tonta a casi catorce millones de ciudadanos, que durante dos horas y media, y sus consiguientes previos y alargaos, además de olvidarnos del recibo de la hipoteca y de como llegaremos hasta final de mes, pasamos olímpicamente de los cuernos que fulano le pone a zitana, de las curdas que se pilla merengano, de lo cabronazo que es ese hijo malnacido con su padre, de la farlopa que se mete el imbécil de turno, o de la novia que se tiró al hijo de la famosilla. Se deja a un lado toda la mierda tomatera y similar, y aunque muchas veces lo que se escucha es tan infame e inveraz como lo que puede oirse en cualquier plató del colorín, dicho por los dos gerifaltes de los grandes partidos suena menos molesto. Sería bueno que estos debates proliferasen un poco más, incluso que a esos voceros partidistas tipo Sopena, MAR, San Sebastián, Iglesias etc etc se les diera más cancha, porque la verdad es que tienen mucha gracia, y estoy convencida que poco a poco nos iríamos rehabilitando de tanta bazofia televisiva y cerrando puertas a que tanto mindundi se comiera la sopa boba a costa de enseñar sus miserias y las de sus vecinos.
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