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Hace unas fechas, con motivo de su debut en el programa de Buenafuente, escribí en este mismo blog que Revilla era un crack y continuo pensando lo mismo. Lo que pierde a este político populista es su pasión por los medios, le gusta más una cámara que a un niño un caramelo y eso sin duda en ocasiones juega en su contra. Por cierto al venezolano Chaves le pasa lo mismo.
A mi me resulta simpático su ya reiterado númerito de las anchoas, los sobaos, el taxi, su amor a España y toda la sarta de milongas que repite de manera compulsiva y que tan buenos resultados le dan en su Cantabria natal, pero estimo que lo que puede estar más que bien para una reunión de amigos echando un mus, o tomando unos potes, no es de recibo para un presidente de Comunidad Autónoma en el permanente ejercicio de sus funciones.
Hubiera quedado como un tipo gracioso, que sin duda lo es, tras el peculiar saludo que tuvo de "mi querido Rey" que todas las televisiones trasmitieron en los telediarios, pero eso ya de contar, en versión particular, los entresijos de una conversación privada entre el Monarca y el Presidente de Cantabria, me parece desafortunado.
No se puede justificar que por el hecho de que Revilla, trabaje como colaborador en un programa de radio cuyo director, a mayores, no tiene grandes simpatías por Jimenez Losantos, nos cuente el gran mosqueo que tiene el Rey con el periodista. No dudo que Juan Carlos, al que tanta veces traiciona su locuacidad, esté mosqueao con el colega, y me parece creíble que tras unas buenas anchoas del Cantábrico, regadas con un estupendo vino de marca, se le calentara la boca y soltara todo un montón de denuestos hacia la cadena de los obispos, los obispos, el ínclito Federico y la madre del cordero, pero entiendo que en el estupendo sueldo de presidente de Cantabria debe de incluirse la prudencia y en esta ocasión, y en otras muchas, el señor Revilla debió de archivar esas declaraciones en su disco duro, en lugar de pregonarlo en sus coqueteos mediáticos.
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